LA PINTURA SELFICA, cuadros para meditar

La pittura selfica, quadri per meditareEl arte de Damanhur, incluso antes de ser un elemento del crecimiento espiritual,  es una columna sonora-visual constante en la vida de los ciudadanos de la Federación. Las paredes externas de todas las casas damanhurianas, siempre que la arquitectura y las implantes lo permiten, son telas sobre cuales pintar algo: las grandes imagines de naturaleza del área llamado Damjl, sobre los acampan inmensos flores y enormes insectos (y rasgaduras deliberadamente dejado "abiertas" en los que se puede ver la evidencia de las decoraciones anteriores); la batalla naval de una antigua época  refigurada en Milte, no muy lejos de un pequeño estanque artificial donde un detalle della misma escena esta reproducida en piedra joven; la rara visión de una península, que recuerda mucho “la Peninsula” vista en la perspectiva opuesta a la que generalmente consideramos, sobre los muros de la Puerta del Sol. In medio, estatuas de cerámica esmaltada, columnas, estatuillas de terracota y otras realizaciones con varias técnicas, puestos a lo largo de los caminos internos y en todas partes donde hay espacio.
El arte es uno de los caminos privilegiados, en cada época y en cada cultura en cual los seres humanos han tratado dejar que su propio talento madura y a descubrir otros nuevos en  el crucial enredo entre la inspiración, técnica de realización y el estudio de los materiales.
Lo que distingue el artista del artesano, desde un punto de vista espiritual, no es el valor de la obra sino la pequeña o grande trasformación que sufre el autor durante la realización.
En Damanhur, consideramos también otra vía de acceso al arte como fundamental, es decir, el proceso de transformación que la obra de arte intenta provocar en el usuario: la observación de un cuadro, de una escultura, la escucha de una música o la asistencia a una representación teatral tienen come finalidad la trasformación de los pensamientos de los espectadores. Arte como elemento tal vez de identidad, porque como sucede a menudo en Damanhur se inspira en mitos fundadores y experiencias de vida en las comunidades, pero también arte como escándalo para medir la profundidad del propio mundo interior, para dilatarlo y aprender siempre nuevas maneras de explorarlo. Explorarlo, que significa percibirlo, que significa crearlo, cada vez más amplio y luminoso.
Entonces, en la experiencia de los damanhurianos, si la del artista es preciosa, la de todos los demás, que dan vida a la obra de arte como usufructuario y sacan de ella nueva vida, es  preciosísima.
El discurso vale tanto para las obras que se encuentran paseando en el territorio damanhuriano como  para las obras de los Templos de la Humanidad, para las músicas como para el teatro, igual como para la muy particular pintura sélfica en la cual dentro de poco nos adentramos.
Los Templos de la Humanidad son probablemente la realización por la cual los damanhurianos son más conocidos: 8500 metros cúbicos de tierra y roca escavadas a mano en una colina; siete salas principales y cientos de metros de pasillos y escalas internas; un ascensor y diferentes pasajes secretas, ocultadas en las paredes. Todo esto, completamente decorado con pinturas, vidrieras, mosaicos, estatuas. En esta realización, que esta dedicada a la naturaleza espiritual y divina del ser humano, está condensada la idea damanhuriana del arte, que parte de un artista – más a menudo por un grupo de artistas que trabajan juntos, compartiendo su camino creativo y de realización – el cual es médium entre un pensamiento que pertenece al entero “pueblo” y su realización practica; el artista crea, los damanhurianos y todos los visitadores de la obra añaden valor a través  su disfrute y el valor añadido proporciona nueva linfa a la inspiración de los artistas en una circularidad energética a través la cual el contenido artístico se autosostiene.

El arte como elemento de trasformación para el usufructuario tiene su más evidente manifestación en la pintura “sélfica”, ambiente en el cual obra Falco, Oberto Airaudi, la guía espiritual de Damanhur. La Sélfica es una disciplina de estudio en Damanhur desde los años anteriores a la formación de la primera comunidad: se ocupa de las posibilidades de invocar y hospedar energías inteligentes y a meterles en simbiosis con las personas. Para hacer esto, hace falta un soporte físico: nacen así los Self, pequeñas y grandes estructuras principalmente en cobre, da formas curvilíneas, basadas en particular en la espiral, que se pueden llevar como brazaletes, anillos o que se tienen en los ambientes en los cuales se vive. Se trata de una investigación marginal, que todavía no tiene  evidencia científica, a través la cual se experimenta desde hace  muchos años en el ámbito del bienestar personal, de la sensibilidad, del re-equilibrio de los estados de consciencia.
In paralelo a las aplicaciones de la sélfica en cobre y otros materiales, hay el empleo del mismo principio en llave bidimensional:  la pintura sélfica.
En los cuadros selficos, el cromatismo, la ausencia-presencia de la forma, la relación entre luz y color guían el observador en una experiencia que parte de los sentidos  y se convierte en un viaje dentro de uno mismo.
Desde un punto de vista artístico, Falco integra elementos cromáticos, figurativos y abstraccionismos  que salen del lenguaje ya mencionado de la comunicación pictórica. La técnica es muy simple: colores acrílicos y tempera, casi a subrayar que cómo manipular formas y darles vida sea al alcance de quien quiere hacerlo, no solo para quién esta técnicamente preparado para hacerlo. El resultado, desde el punto de vista estético, es muy particular y, dirían los críticos, “provocador”: el juego de la luz en los espacios creados por las formas, la ausencia tal vez de formas mismas, la densidad del color que permite la transposición de lo figurativo y abstracto en la unidad cromática, crean un código original y de gran ritmo.
Pero el punto substancial es  la fascinante relación que se crea entre cada cuadro y cada observador. La naturaleza del cuadro sélfico – Falco pinta lienzos de medidas muy diferentes – es propio la de crear una sintonía entre la obra misma y  su observador: no solo un estimulo, una llamada a valores importantes, como es propio del arte en sí, sino un dialogo verdadero y propio entre el cuadro y su observador. Quién frecuenta la Galería de los cuadros selficos en el centro Damanhur Crea, conoce bien la sensación de vagar in medio a decenas de telas diferentes, y de sentirse en un cierto momento llamado por una o más de ellas, y a quedarse delante el cuadro del cual se ha advertido  dentro di si la voz, observando, meditando, recibiendo un mensaje.
Cada cuadro es una criatura, dotada de un cuerpo a dos dimensiones y de una gran aura, con la cual se entreteje el dialogo. Muchos apasionados de este genero de pintura, investigadores espirituales, después de haber aquistado numerosos cuadros, las utilizan para realizar verdaderas cuartos de meditación en los cuales ampliar la propia sensibilidad y reflexionar, relajarse, comunicar con partes escondidas de sí, gracias a la mediación d los cuadros mismos.
Iniciado en el mundo de la pintura desde joven, hace unos veinte años Falco ha abierto al gran publico la pintura sélfica, según su estilo, proponiendo un instrumento con el cual cada uno aprende a interactuar, según la propia personalidad y sensibilidad.
Criaturas vivas más que mandalas, los cuadros selficos son una ventana hacia  otra dimensión de la percepción, que liga lo infinitamente lejano con lo infinitamente cercano. quién busca sabe que querer distinguir entre lo que es lejano y lo que es cercano es un acto di extrema presunción, o de consciencia muy profunda. El arte puede darnos una idea del punto de equilibrio entre las dos posiciones; en cual dirección andar, depende de nosotros decidirlo.

 


Stambecco Pesco
Su Re Nudo 12, primavera 2011